Astro Armilla nace sin un plan previo.

Durante la pandemia, con más tiempo que certezas, comenzó como una prueba: construir una esfera armilar para entender cómo estaba hecha. Con materiales disponibles en casa —un viejo pie de lámpara, alambre, piezas recicladas— fue tomando forma el primer modelo.

Ese primer intento no buscaba ser perfecto, sino comprensible. A partir de ahí surgió una pregunta más profunda: cómo funcionan estos instrumentos y qué permiten ver del cielo.

Con el tiempo, esa inquietud llevó a reconstruir otras herramientas como el nocturlabio y el cuadrante, investigando sus principios, proporciones y uso. Más adelante, apareció el lunario como una forma de explorar la relación entre la Luna y el Sol de manera simple y didáctica.

Astro Armilla no surge como un emprendimiento inmediato, sino como un proceso. Recién después, con el desarrollo de planos, la búsqueda de materiales adecuados y el diseño de cada pieza, tomó forma como proyecto.

Cada instrumento está pensado para el hemisferio sur, respetando los principios de la astronomía clásica y buscando un equilibrio entre funcionalidad, estética y claridad conceptual.

Detrás de Astro Armilla hay un trabajo artesanal llevado adelante por dos personas, que se ocupan de todo el proceso: desde el diseño y la fabricación, hasta la preparación y el envío de cada pieza.

 

Más que objetos, lo que se propone es una forma de acercarse al cielo, entender sus movimientos y recuperar una manera directa de observar.